Hemos entrado en el día 15 de abril, Día del Niño para el calendario español, aunque al parecer cada país lo celebra en distintas fechas. No lo es para la ONU, tampoco lo es en la web española de Unicef, pero la página principal de Google.es si tiene un dibujito con niños, de acuerdo con la wikipedia.

Es lo de menos. De todas formas, tengámoslo en cuenta con nuestros enanos más cercanos, hoy como cualquier otro día, haciendo lo que más les gusta que nosotros hagamos: escucharles atentamente. Aprenderemos cosas tan importantes como la diferencia entre arriba y abajo.

La conjura de los necios

De Ignatius me he estado acordando entre ayer y anteayer con las historias del carrito… Ya sabéis que la elección del vehículo de un niño pequeño no es un asunto menor. Nosotros acertamos de pleno, con un Skate brutal que a Nico le encanta y que encima compramos de rebajas, una auténtica máquina de pasear con ruedas hinchadas -nada de redondeles de plástico-. Anda que no vacilo yo nada derrapando en las esquinas.

Pero hay que reconocer que el empedrado del Realejo es asesino para cualquier amortiguador. De hecho, estos baches seguramente afectarán a mi oído interno en mi edad de oro. Y Nico va en su silla cantando porque le hace mucha gracia cómo le tiembla la voz -claro, papá siempre va deprisa porque llega tarde-. Sinceramente, casi parecen bloques de Lego, pero de mármol de Sierra Elvira. Según tengo entendido datan de los años 60, con lo cual no tienen mucho valor histórico que digamos.

Sé que van con el aspecto de un barrio histórico, pero es que con aceras tan estrechas se producen escenas como la que me ocurrió ayer: una señora vino hacia nosotros subida a la lisa acera, dejando abajo la abultada calzada tan molesta para sus tacones. Nosotros íbamos hacia ella en la dirección opuesta y con la misma prisa. Todo estaba diseñado para que nos encontráramos a mitad de calle. Pero la acera era demasiado estrecha para los tres -perdone, señora, pero es así-. Alguien tendría que bajarse. Cada vez estamos más cerca. Que se baje ella, que nosotros seguimos recto. Me da igual que se despeine esas mechas amarillas, que se baje cuando llegue a mi altura. Me acordé de Ignatius y también de las justas caballerescas. Nico, saca los pies hacia delante que se baja. Bueno que si se baja. ¡Vamos sin miedo!

Y la señora se bajó. Os prometo que antes yo no era así.

Sé que los enfrentamientos entre la Delegación de Cultura de la Junta y el Ayuntamiento de Granada con respecto al respeto patrimonial al barrio del Realejo son intensos. Yo recuerdo el tema de las barandillas, por ejemplo. Pero habría que empezar a pensar en modernizar un poco los accesos y la movilidad de estas calles, que las estrecheces de la acera en la calle Santiago no tienen nombre ni perdón. En Toledo tenemos un ejemplo ejemplar, valga la redundancia, con una escalera mecánica que conecta la parte nueva y el casco histórico. ¿Sería difícil imaginar algo así en el Albaicín, por ejemplo?

Claro que, ahora que lo pienso, esto no soluciona nuestros problemas con el carrito…

El gato bípedo

Por último, Nico y yo compartimos un video tontorrón con el que nos hemos partido la caja y con el que celebramos este Día del Niño

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