Antes de nada: la encuesta del post anterior la ganó Pocoyó. En total, el muñeco creado por David Cantolla, Luis Gallego y Guillermo García, obtuvo 13 votos a favor, frente a los 0 de Caillou. Aquí sólo voy a añadir que en el blog de Pocoyó están organizando un ‘pocoyízate’ edición especial Mundial de Fútbol, en el que podemos crear nuestros propios avatares en este formato con la camiseta de la selección que queramos. No estamos muy de acuerdo en eso de mezclar balompié con infancia, pero bueno, es verdad que a muchos niños les gusta el fútbol por inducción.  Allá cada cual.

Llevamos mucho tiempo sin escribir porque hemos tenido problemas con la operación escuela infantil. Solicitamos plaza en Duende, de la Fundación Granada Educa, y nos hemos quedado fuera de la lista. Concretamente, somos los séptimos en la lista de espera. Vamos, que no.

Este fracaso tiene que ver con, claro está, los puntos y los baremos. No quiero entrar mucho en detalles, unos sabéis más y otros menos sobre nosotros, pero he de decir que, una vez calmada la frustración inicial, he llegado la conclusión de que no puede llover a gusto de todos. Y el disgusto nos ha tocado a nosotros. Bueno, sí que voy a entrar en detalles, caramba: si estás en paro tienes 1,5 puntos menos que los demás, que son los puntos que marcan la diferencia entre los que entran y los que no. ¿Injusto? Depende. Yo no quiero pensar mal.

Después de mucho buscar, la madre de Nico y yo hemos decidido matricular a Nico en Toy Box, una escuela infantil que se encuentra a la entrada de Monachil, uno de los pueblos del Cinturón de Granada. Tiene entre sus ventajas que es bilingüe, que tiene un huerto propio, educadoras profesionales y, muy importante, siguen el método Montessori, en el que los niños no están encorsetados según su edad, sino según su nivel. Además, los pequeños y los grandes están entremezclados; los chicos imitan a los mayores, y estos a su vez sienten esa responsabilidad y cuidan de ellos. Según esta técnica, los niños marcan el ritmo. ¿Desventajas? Que es una escuela cara, y que habrá que pensar bien dónde seguirá su educación Nico una vez que cumpla seis años. En Madrid, por ejemplo, hay muchas escuelas que siguen este método; pero aquí en Granada Toy Box es la única. Nosotros preferíamos Duende porque estaba cerca de casa y aparentaba un espíritu educador que nos gustaba. Pero no pudo ser…

La cosa es que buscamos muchísimo, y visitamos muchos escuelas infantiles, muchas de verdad. Podríamos haceros aquí una relación de cada una con una valoración, pero eso podría ofender a los padres que llevan a sus niños a ciertas guarderías, así que voy a elaborar un decálogo de cosas a tener en cuenta a la hora de matricular a un niño en una escuela infantil. Son diez puntos que forman parte de nuestra opinión, y que podéis compartir o no:

1. Se dice ‘escuela infantil‘. Las que se autodefinen como ‘guarderías‘ suelen ser aparcamientos públicos para bebés.

2. Es fundamental que tengan un espacio al aire libre, un patio o un jardín. Si no, da igual eso de “grandes ventanas por las que entra luz”.

3. La seguridad de las instalaciones es importante. Es preferible que los enchufes estén a más de metro y medio del suelo, que el suelo sea de tarima, que el patio no sea de guijarros, que las escaleras estén controladas…

4. El cariño es importante, pero no suficiente. Las profesoras han de ser educadoras y poder defender su método, sea cual sea. Si hay un/a psicopedagogo/a en el centro y utilizan bits de inteligencia, mejor.  Lo de las fichitas ya está muy pasado.

5. Hay una cosa llamada ‘periodo de adaptación‘, cuyos tiempos vienen marcados por el niño, no por las normas del centro. En ese periodo el niño está en el centro con los padres. Aprovechad ese tiempo para ver cómo se trabaja en esa escuela infantil, siendo tan exigentes como comprensivos. Algunas escuelas son ‘centros abiertos’ que permiten a los padres entrar cuando quieran, eso es un punto a favor.

6. Que no nos mientan. Si ha llorado, ha llorado, y si no ha comido, no ha comido. Nosotros sabremos compensarles en casa. Pero mentir, no.

7. Algunas actividades culturales no son tales. Un centro laico no tiene por qué hacer un belén viviente o una ofrenda de flores a la virgen, ni los niños tienen que pintar nazarenos en Semana Santa. Eso no es cultural, es religioso.

8. El menú es importantísimo. Hay que preguntar si tienen cocina propia o servicio de catering, de dónde salen los alimentos, con cuánta frecuencia comen carne, pescado, fruta, verduras, cerales… El niño no tiene por qué comer peor en la escuela que en casa.

9. Un niño no puede estar -y esto lo marca la ley- más de ocho horas en una escuela, y eso ya es mucho. Así que si un centro me oferta la posibilidad de extender con ludoteca el horario y que el niño esté de ocho a ocho ahí metido, desconfío.

10. Si cuando entráis no os veis llevando ahí a vuestro niño… es que no es el sitio adecuado. Nuestro instinto funciona perfectamente.

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