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Qué os voy a contar que no sepáis, que voy como una moto, que el otoño ha empezado sin tregua y que no me queda tiempo ni para escribir -con lo importante que es para mí escribir-. En fin, en titulares:

-Nico se adaptó perfectamente a su escuela.

-Se disfrazó de murciélago el día de Halloween.

-Ha empezado a hacer pis en una palangana (lo cual me recuerda un chiste familiar sobre un video y un bidé).

Mickey Mouse le cae bien (se lo pienso recordar cuando cumpla 16).

Come sin parar: Tiene un predesayuno, un desayuno, un almuerzo, una comida, pica antes de merendar, merienda, cena y después del baño se bebé un biberón de leche que, según el sistema métrico británico tradicional, se corresponde con algo más de dos pintas.

-Cuando no come, canta ‘Twinkle, twinkle, little star’ (‘Estrellita del lugar’).

En imágenes:

Toothbrush

Esto, que parece un cilicio para Teletubbies, representa en realidad un cepillo de dientes. Fue su primer trabajo de clase.

Garden

Este es un trabajo más reciente, representa un jardín. La evolución artística es clara, ¿no?

Novedades en el barrio

Casi nunca hablamos del Realejo, y mira que lo vivimos con intensidad. Para empezar, hay que dar la bienvenida y recomendar encarecidamente la nueva tienda de El Piano situada en la plaza del Realejo, justo enfrente de la sucursal de Caja Rural. Se trata de una franquicia de origen británico de comida saludable, pro ecológica, fomentando los productos autóctonos y vegetariana para llevar, algo muy curioso. Ya los conocíamos por su otra sede, en la calle Gran Capitán, pero esta nos pilla infinitamente más cerca. Somos fieles a sus albóndigas de maíz, sus champiñones y su cus cus. También compramos un preparado para cocinar brownies en casa que luego masacramos sin piedad. Si son ustedes un poco reacios al asunto natural-ecológico-integral-vegetariano (a mí a veces me cuesta), mejor pruébenlo y opinen después. Buenísimo.

Cooking

Recomendaciones musicales

Y por último, nos gustaría abrir un debate sobre gustos musicales en la infancia. Según un estudio de reciente publicación, si mal no recuerdo, la música rock altera a los niños, probablemente por las estridencias de la distorsión eléctrica, algo que se puede percibir incluso en la reacción molecular del agua a dichas vibraciones. En cualquier caso, ayuda a desarrollar su cerebro. Nosotros, que ya hacemos sin ningún complejo el idiota en el salón gorileando como primates al son de ciertos ritmos, os queremos recomendar nuestro hit más bailado, fundamental, el himno de la casa:

Despiporre garantizado. Pero nos gustaría recibir recomendaciones de otros temas de similar factura o alejados estilísticamente, eso da igual, que también inviten al desmadre infantiloide. ¿Podéis ayudarnos?

[Por cierto, el que hiciera el estudio sobre rock y niños nos parece que sería un soso a las tres].

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Como hace mucho que no actualizamos y tenemos tantas cosas que contar que ya ni nos acordamos, vamos a hacer primero una sección de titulares y nos ponemos al día.

1. La mantita se perdió en Nerja en junio. Sí, es cierto, es triste. La mantita que nos ha acompañado como a Linus durante quince meses se ha desvanecido en la nada. Al subir de la playa del Papagayo la llevaba en la mano y al entrar en el portal, no. Recorrí la calle Diputación y el Balcón de Europa siete veces pero aquel andrajoso trapo descolorido y apestoso sin el cual no podíamos vivir no apareció. Tenía la forma de una girafa multicolor y le teníamos devoción -su madre y yo lloramos más que él aquel día-. Entonces le costó mucho dormir. Ya ha sido felizmente sustituida por una vaca peluda y un oso rayado, pero nunca olvidaremos la sagrada mantita original.

Vaca y oso, las mantitas de segunda generación para Nico

2. Ya no anda, corre. De hecho le encanta alcanzar velocidades de vértigo aprovechando las cuestas de su barrio y poniendo cara de JackAss. Miedo me da.

3. El agua es su medio, además de la tercera palabra que se ha aprendido. Todo es agua. La nevera es “agua”, el viento es “agua”, la piscina, el mar, hasta yo soy “agua”. No le voy a contar que el cuerpo humano es un 75% de H2O al nacer porque ya se me vuelve loco. Le encanta nadar como un perrito mientras le sujetamos y hacer cafrerías con las olas. Sin miedo alguno, aunque no puede negar la evidencia objetiva de que se hunde como una piedra. También gusta de vaciar en el suelo del salón su cantimplora, le encanta poner en remojo el pienso de Velita y hacer experimentos con el grifo del bidé. “¿Agua?” Sí, Nico, esa vieja que pasa también es agua.

4. Lo que estamos haciendo con helados de varios sabores y tamaños este verano roza la indecencia. Qué poco me dura con el morro limpio, carajo.

5. Ha descubierto el mundo de la música. Por un lado quiere poner discos, pero no sé cómo explicarle dónde va cada cosa. Mete siete cedés en el tocadiscos y cierra la tapa a ver si suena, y nada. Yo creo que ahora mismo está en una fase de DJ, mezclando, mezclando…

6. Es un niño Glück. Si en algún momento tenéis que hacer un regalo especial y diferente a alguien con un niño o una niña como Nico, en Malasaña (Madrid) existe una original tienda infantil llamada Glück, con un blog muy recomendable y mucho más actualizado que éste. También organizan conciertos infantiles con músicos indies. Cosas del siglo XXI. Nico tiene una camiseta del monstruo Augusto Huertas.

7. Ya estoy diciendo frases de padre. Y no me refiero a las típicas sentencias autoritarias masculinas que todo niño trasto oye alguna vez, sino a los sufridos lamentos de un hombre cansado con sus pilas normales intentando alcanzar a un niño con alcalina. “Ve tú, ve tú al columpio, Nico, si yo te miro desde aquí”; “¿Tienes sueño? ¿Seguro que no? Yo creo que tienes sueño”; y cosas así.

8. Ya se sabe muchas partes del cuerpo. Se señala solito la boca, los dientes, las orejas, la nariz, los ojos, el pelo, el ombligo y los pies cuando se lo piden. Y cuando termina de hacerlo pide una galleta señalándola también. Porque también sabe dónde están las galletas.

Hemos entrado en el día 15 de abril, Día del Niño para el calendario español, aunque al parecer cada país lo celebra en distintas fechas. No lo es para la ONU, tampoco lo es en la web española de Unicef, pero la página principal de Google.es si tiene un dibujito con niños, de acuerdo con la wikipedia.

Es lo de menos. De todas formas, tengámoslo en cuenta con nuestros enanos más cercanos, hoy como cualquier otro día, haciendo lo que más les gusta que nosotros hagamos: escucharles atentamente. Aprenderemos cosas tan importantes como la diferencia entre arriba y abajo.

La conjura de los necios

De Ignatius me he estado acordando entre ayer y anteayer con las historias del carrito… Ya sabéis que la elección del vehículo de un niño pequeño no es un asunto menor. Nosotros acertamos de pleno, con un Skate brutal que a Nico le encanta y que encima compramos de rebajas, una auténtica máquina de pasear con ruedas hinchadas -nada de redondeles de plástico-. Anda que no vacilo yo nada derrapando en las esquinas.

Pero hay que reconocer que el empedrado del Realejo es asesino para cualquier amortiguador. De hecho, estos baches seguramente afectarán a mi oído interno en mi edad de oro. Y Nico va en su silla cantando porque le hace mucha gracia cómo le tiembla la voz -claro, papá siempre va deprisa porque llega tarde-. Sinceramente, casi parecen bloques de Lego, pero de mármol de Sierra Elvira. Según tengo entendido datan de los años 60, con lo cual no tienen mucho valor histórico que digamos.

Sé que van con el aspecto de un barrio histórico, pero es que con aceras tan estrechas se producen escenas como la que me ocurrió ayer: una señora vino hacia nosotros subida a la lisa acera, dejando abajo la abultada calzada tan molesta para sus tacones. Nosotros íbamos hacia ella en la dirección opuesta y con la misma prisa. Todo estaba diseñado para que nos encontráramos a mitad de calle. Pero la acera era demasiado estrecha para los tres -perdone, señora, pero es así-. Alguien tendría que bajarse. Cada vez estamos más cerca. Que se baje ella, que nosotros seguimos recto. Me da igual que se despeine esas mechas amarillas, que se baje cuando llegue a mi altura. Me acordé de Ignatius y también de las justas caballerescas. Nico, saca los pies hacia delante que se baja. Bueno que si se baja. ¡Vamos sin miedo!

Y la señora se bajó. Os prometo que antes yo no era así.

Sé que los enfrentamientos entre la Delegación de Cultura de la Junta y el Ayuntamiento de Granada con respecto al respeto patrimonial al barrio del Realejo son intensos. Yo recuerdo el tema de las barandillas, por ejemplo. Pero habría que empezar a pensar en modernizar un poco los accesos y la movilidad de estas calles, que las estrecheces de la acera en la calle Santiago no tienen nombre ni perdón. En Toledo tenemos un ejemplo ejemplar, valga la redundancia, con una escalera mecánica que conecta la parte nueva y el casco histórico. ¿Sería difícil imaginar algo así en el Albaicín, por ejemplo?

Claro que, ahora que lo pienso, esto no soluciona nuestros problemas con el carrito…

El gato bípedo

Por último, Nico y yo compartimos un video tontorrón con el que nos hemos partido la caja y con el que celebramos este Día del Niño

-Cuánto tiempo, amigo, ¿cómo estás?

[Sí, es verdad que no iba desde hace mucho. Como ya no salgo de trabajar tan tarde ahora ceno en casa e intento comer mejor. Pero por una nostalgia extraña y porque tuve que salir casi a las once de la noche a comprar comida para gatos, decidí ir a mi establecimiento de bocadillos árabes favorito, el de la plaza del Realejo, a recordar viejos tiempos de salsa de yogur].

-Bien, estoy bien. Es verdad que hace tiempo que no nos veíamos.

-¿Y tu niño, amigo?

-Muy grande, ya con catorce meses. Ahora es muy divertido, porque interactúa, empieza a andar, come de todo… Me lo paso en grande con él.

-Ah, claro.

[La conversación se desvía unos momentos por temas laborales, la crisis y tal, con este conocido y extraño acento, mientras me prepara la cena. Ya no recuerdo si él era palestino o jordano. Es una buena persona. Joven, en forma, siempre optimista. En los tiempos de aquel trabajo tan duro se convirtieron, él y sus socios del establecimiento, en una especie de oráculos, o asesores, o algo así, porque les encantaba opinar en base a su experiencia propia. Jamás mezclaron religión ni política en los consejos que me dieron. O simplemente eran personas agradables que te daban puntos de vista distintos a los usuales. Volvemos a hablar de niños]

-Es que tener niños es muy bueno, amigo.

-Claro que sí.

-La gente se preocupa mucho y creen que no se puede tener niños. Que hay que tener mucho dinero para eso. ¿Y sabes? Eso es mentira.

-Claro. El dinero que tienes es el mismo, pero lo organizas de otra forma, nada más.

-¿Verdura toda?

-Sí, sí, ponle de todo. Para una vez que vengo…

-Yo tengo una filosofía para la vida, ¿sabes? No nada de religión, no tiene nada que ver. [¿Véis lo que os decía?]. En esa filosofía yo creo que no puedes luchar para ser rico. Hay que trabajar, pero eso no va a hacer nunca que te llegue el dinero más.

-¿Quieres decir que la fortuna nos busca a nosotros y no nosotros a ella?

-Algo así. Mira, yo conozco gente en mi país que tiene quince hijos…

-¿Quince?

-Sí, quince. ¡Y viven como ricos! Pueden hacer lo que quieran y van felices. Y conozco a otros que sólo están preocupados por el futuro, por tener mucho dinero y muchas cosas, y trabajan 24 horas al día para conseguirlo y no lo consiguen jamás teniendo un solo hijo.

-Sí, que antes de que nazca el niño ya están pensando en lo que les costará la universidad…

-¡Claro, eso no puedes saberlo! Mira amigo, yo te digo que detrás del dinero hay algo inexplicable. Es una fuerza, un orden, si quieres llamarlo un dios, llámalo un dios. Es como la naturaleza, se mueve a su manera. Y no puedes obsesionarte con conseguirlo, porque si él quiere venir a ti, vendrá. Lo que hay que hacer es tener un trabajo que te guste y poder vivir de él, pero la fortuna.. Ah, esa no se consigue persiguiéndola.

-Puede que tengas razón. Una cosa es el trabajo, otra la vida y otra la suerte. Nosotros las desarrollamos y ellas se mezclan solas.

-Bueno, es mi filosofía. Recuerda, detrás del dinero hay fuerzas extrañas, amigo.

-Pensaré en ello, gracias. Nos vemos pronto.

-¡Un saludo a tu mujer y tu hijo!

……………

Ahora mismo no recuerdo si me dio la vuelta…

No voy a disimular. Ayer fue el Día del Padre. Teniéndo en cuenta que Nico tiene casi 14 meses (ese casi es importante, eh), éste es el segundo Día del Padre que vivimos juntos, aunque del primero la verdad es que ni nos acordamos. Mientras yo intentaba no gimotear con las historias de padres e hijos que se oyeron en ‘Esto me suena’ por la radio, llegaba a casa en un paquete nuestro regalo propio de la celebración de San José (ese gran padre putativo). Os presento a mi nueva cámara:

Es una lomográfica, modelo Diana Mini, con flash y filtros de colores. Un juguetito analógico que hace fotos imperfectas pero muy bonitas. Ya teníamos una Diana+ de las grandes y esta es su hermana pequeña. Por supuesto, ya la hemos estrenado. Pero al ser analógica, el revelado estará listo para recoger el martes. Así que no podemos enseñaros nada todavía. Nico la encuentra interesante, aunque cree que el flash es un invento del demonio para dejar ciegos a los niños.

Nuestro parque

Más que nada, nos hemos hecho fotos en el parque, nuestro parque. ¿Qué sería de un niño o niña sin estos espacios urbanos abiertos al esparcimiento? Yo de pequeño siempre cantaba una tonadilla que decía algo de un parque con mono al que le tirabas cacahuetes (“cacahueti” en la letra de la canción) y se los metía por el final de la espalda. Seguro que alguien más la recuerda. Yo jamás vi tal proeza.

Nico, su madre y yo vamos al que hay en la calle Seco de Lucena del Realejo, justo detrás de Santo Domingo.  Es relativamente pequeño (a Nico, que mide unos 70 centímetros, le parece Brasilia), con aire moderno y lo tenemos justo debajo de casa. Allí nos encontramos con Lola, Enea, Juanito, Diego y otros ejemplares de la misma edad que Nico. También con perros, que como ya dije, es una de las dos grandes aficiones del protagonista de este blog.

En el parque jugamos a un juego muy divertido. Se llama “Vamos a la tierra a coger una piedra y luego nos acercamos al estanque con cuidado de no caernos dentro y la tiramos al agua para después volver a la tierra a por otra piedra”.  Otro día os explicaremos en qué consiste. Lo más gracioso es ver a Nico intentando dejar caer la piedra dos metros antes de llegar al borde del estanque, no vaya a mojarse.

Deportes

Es un parque muy mono y aprovechable, con tierra, suelos de madera, agua, un poquito de hierba, árboles, etc. Pero tiene un defecto, en mi opinión y en la de otros (que ya hago yo un pequeño sondeo antes de comentar aquí nada) que antes no tenía. Este invierno plantaron una serie de aparatos de hierro verde, con asas de goma negra, para hacer ejercicios tan gratificantes como girar la cadera de un sitio y otro. Uno simula el efecto de remar en una trainera, otro te acerca al esfuerzo que se hace con el esquí de fondo, otro es igual que una máquina de hacer pectorales de un gimnasio en la que el peso a levantar es el del propio usuario. Desconozco el número de deportistas que pasan por este remoto parque por las mañanas para hacer uso de estas máquinas, y aún no me he encontrado con ningún niño vigoréxico en el barrio. Yo mismo soy poco amigo del deporte (ay), y siempre alego que correr es de cobardes. Pero considero que atendiendo al público infantil de este parque con piedras y estanque, serían mucho más beneficiosos y divertidos un columpio, un tobogán, un túnel o un castillo por el que trepar, para que estos niños hagan ejercicio, pero el propio de su edad. Ahora mismo, para esta tropa pasar cerca de estas máquinas en funcionamiento es un deporte, pero de riesgo. Opinen ustedes si conocen el parque del que hablo.

El pez grande

Por último, quisiera dejar una lagrimita. Los que nos conocen saben que Nico y yo somos unos sensibleros de cuidado. ‘Big fish’ es una maravillosa alegoría que, en el fondo, habla sobre una relación de padre e hijo. Hace unos días me preguntaron con qué películas había llorado y se me olvidó citar ésta. Madre mía, hasta hipo me dio con el final. Feliz día del padre, con un día de retraso, para los que lo quieran oír.

Nico y yo nos estrenamos en esto de hacer blogs. O blogging. O como se llame. Vamos a intentar dar desde aquí nuestro punto de vista sobre aspectos tan trascendentales como la paternidad, la familia, la infancia, la educación, la pediatría o los mocos acuosos. No porque seamos gurús en la materia, ya que más bien estamos aprendiendo poco a poco -como diría Mafalda, nos sacamos el carné de padre y el de hijo el mismo día-. Más bien lo hacemos porque las cosas cambian mucho cuando las miras como responsable progenitor o como tierno infante. Qué sencillo es todo en realidad, ¿verdad, Nico?

También somos un poco cafres, a veces. Pero eso ya lo iréis descubriendo.

Por lo pronto, nos presentamos. Yo soy Luis, un madrileño criado en Málaga y afincado en Granada. Él es Nico, el hijo del anteriormente mencionado Luis y de su novia Tamara, que llegó al Realejo justo cuando la pareja cruzaba la barrera de los treinta. Yo soy periodista -ay, qué cruz-, y no sabía que algún día sería padre, ni que sabría serlo, ni mucho menos que me gustaría tanto . A él le gusta comer y los perros. En ese orden. Intentamos desarrollar nuestras facetas dentro de unos hábitos saludables e higiénicos, sin desquiciarnos pero tampoco chupando piedras. No siempre acertamos. Y Nico aprende más rápido que yo, todo hay que decirlo.

Su madre, mi novia, sí que se sabe bien la lección. Digamos que se lo ha currado de verdad, y cuida mucho nuestra alimentación y nuestra salud. Nos da todo lo mejor, está preparada y podría dar clases del tema.

Aquí contaremos lo que ella nos enseña, lo que nosotros aprendemos sobre las cosas -principalmente metiéndonoslas en la boca para ver a qué saben-, lo que otros opinan, las cosas que nos afectan de Granada, lo que nos gusta y lo que no. Cosas de tíos, claro, porque somos tíos.

Una vuelta por el otro barrio

Hemos decidido empezar por una de nuestras aficiones favoritas: ver videos de Barrio Sésamo. Es difícil encontrar capítulos de esta serie en la programación televisiva actual, por lo que buscamos en un canal de youtube dedicado en exclusiva a las aventuras de Elmo, Gustavo (Kermit), Tricky (Cookie Monster), etc. Sí, están en inglés, pero a Nico no le importa demasiado, se entera lo mismo de los argumentos. Somos fanáticos de las actuaciones músicales, y si bien la de la cantautora canadiense Feist (que canta “1,2,3,4” para monstruitos) es una de nuestras favoritas, hoy vamos a destacar la canción que Adam Sandler le escribe a Elmo. Nico empieza a dar palmas en cuanto aparece su colega colorado en pantalla. La historia es la siguiente: como ninguno de los dos amigos encuentran una palabra que rime con ‘Elmo’, se inventan palabras nuevas para poder cantar. El final es apoteósico. Pura catarsis.

Una de las cosas que más admiramos de este programa infantil, y no encontramos referentes españoles salvo la ya anticuada ‘Bola de Cristal’, es la proliferación de cameos de cantantes, actores y artistas que literalmente se pirran por hacer un sketch con estos peluches. Es algo que han cuidado desde hace decenios y su archivo es impresionante (de Johnny Cash a Jason Mraz pasando por Stevie Wonder, Ray Charles o Paul Simon, el rapero LL Cool J o el actor Jack Black). Merece la pena.

La astilla y el palo

Somos padre e hijo. Yo tengo treinta y tres años y él treinta menos, lo cual nos da una perspectiva distinta de las cosas. Vivimos en el Realejo, en Granada, y aquí decimos lo que queremos decir. Faltaría más.

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